El castillo del Diezmo fue construido por orden del rey Felipe III a finales del siglo XVI o comienzos del XVII, con finalidad de servir como almacén fortificado donde se depositaban los diezmos procedentes de la producción agricola y ganadera. Además de su función fiscal, la fortificación servia para el cobro de los arrendamientos a los moriscos y como punto de vigilancia del camino Níjar a su entrada en Almería.
En 1844, el Cabildo de Almería decidió utilizar el recinto para la minería. Su ubicación fuera del núcleo urbano ofrecía mayor seguridad para esta función.
El castillo presenta una planta cuadrada de aproximadamente 51m de lado, con garitas situadas en las esquinas y en el centro de cada paño murado. Su fábrica combina mampostería ordinaria reforzada con hiladas de ladrillo. En la base, una estructura de ladrillos más ancha actúa como refuerzo.





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